ROBERTO FEIJÓO PORTERO

Ingeniero Industrial, Trainee en PNL, Coach, Titulado en Eneagrama, Constelaciones familiares, Pedagogía Sistémica, Anatheoresis y Análisis Transaccional

En 2007 era Director General de una multinacional del sector informático en España. Una tarde fui a visitar a un cliente. Llegué antes de la hora prevista y para hacer tiempo entré en un bar próximo a tomar un café. En la tele estaban dando las noticias de deporte del Telediario. Entrevistaban a un naútico que daba la vuelta al mundo a vela en solitario que contaba su odisea. Durante la prueba, la embarcación había volcado debido a un temporal en algún lugar próximo a Australia. 

En la entrevista comentaba que había pasado mucho miedo durante el naufragio pero que se había dado cuenta de algo muy importante y era que en el fondo le importaba menos morir pensando que durante toda su vida hizo lo que más le gustaba que era navegar. Esa reflexión me convulsionó interiormente. En aquellos momentos me sentí perdido, y encontrado al mismo tiempo. Sentí que una energía intensa y desconocida recorría mi cuerpo. En un instante me di cuenta de que había dedicado toda mi vida a complacer los deseos de mis seres queridos, de mis superiores, de mis amigos, a realizar mis estudios de Ingeniero Industrial, a ser feliz padre de familia, a llegar a ser Director General de alguna empresa y colmar mis aspiraciones económicas. Pero todos estos no fueron mis deseos, fueron en realidad los deseos que tuvieron para mí aquellos que me cuidaron y que tanto me amaron.

Aquel naútico, en los momentos más difíciles de su vida se sentía satisfecho por el hecho de haber dedicado su vida a lo que más había deseado, que era navegar. ¿ Y a mí, qué me había ocurrido?, ¿es que acaso mis deseos habían sido realmente míos? ¿Sabía acaso que quería a partir de aquel momento en mi vida?

Aquellas reflexiones me llevaron a la conclusión de que en realidad no sabía qué quería en la vida. Sin embargo algo dentro de mí me hacía pensar que debía iniciar algo nuevo, diferente a lo que había vivido hasta ese momento, y comenzar de cero.

Al cabo de unos días la pregunta que me hacía casi de continuo era: ¿qué quiero, seguir complaciendo a los demás, o tratar de encontrarme y saber qué quiero?

Me marché a Altea (Alicante). Por aquella época tenía un apartamento en un puerto deportivo. La salida de la empresa y mi separación matrimonial pesaban sobre mí. Un sentimiento de culpa, junto a las dudas acerca de mi futuro me acompañaban en todo momento. Sin embargo algo dentro de mí me decía que todo terminaría bien.

Transcurrieron unos meses de mi nueva vida en solitario en Altea, hasta que ocurrió algo que determinaría mi nuevo comienzo. La lectura casual de una entrevista que le hacían a un sicólogo y profesor de Universidad americano llamado Daniel Goleman que acababa de editar un libro titulado Inteligencia Emocional. El titular de la entrevista decía, "El 80% de los motivos para conseguir el éxito y la felicidad están en la Inteligencia Emocional". Era la primera vez en mi vida que me interesaba por el tema, pero en la medida que leia la entrevista, su contenido captaba mi interés. Recuerdo que Goleman decía que la Inteligencia Emocional estaba basada en conceptos como el autocontrol emocional, la perseverancia, la actitud, la empatía, etc., que era desarrollable durante toda la vida, y que suponía el 80% de los motivos para ser feliz y tener éxito en la vida, a diferencia de la Inteligencia lógica y de los conocimientos cuyo desarrollo finalizaba como máximo los veinte años de edad y que a pesar de ser imprescindible, suponía tan sólo un 20% de los motivos para alcanzar el éxito y la felicidad. Además hacía especial hincapié en que el desarrollo de la inteligencia emocional dependía de la intención de la persona y que la autoobservación constituía un factor determinante.

Intuí que en aquellas ideas estaba la medicina que curaría mi malestar emocional. Comencé a leer su libro y el azar me llevó a otros autores de Programación Neuro Lingüística, Análisis trnsaccional, Constelaciones familiares, etc. También me ayudaron libros como El caballero de la armadura oxidada, Quién se ha llevado mi queso, y otros que estaban de moda por aquella época. Me interesaban los temas que proporcionaban alguna herramienta que me pudiera ayudar y comencé a descubrir, y a desarrollar, técnicas de superación personal. Algunas funcionaban en mí, otras, no. Recuerdo que a veces bajaba al malecón del puerto deportivo a altas horas de la noche siendo la soledad mi única compañía, y mirando a las estrellas hacía las afirmaciones y visualizaciones que había descubierto recientemente y que tenían que ver con mi sentir.

Al cabo de un tiempo, recuerdo un día muy especial que estaba sentado en el salón del apartamento. Recuerdo que aquel día ví al mar brillar como jamás lo había visto. Sentía una gran sensación en mi interior y se debía a que por fín había descubierto qué quería hacer con mi vida, quería compartir con todo el mundo, con empresas, con particulares, jóvenes y mayores, mujeres y hombres, mi gran descubrimiento; una forma diferente de sentir y vivir la vida. A partir de aquel instante decidí ser el protagonista de mi vida, cambiaría mis creencias limitantes por creencias potenciadoras, aprendería a emocionarme de una forma diferente cambiando emociones tóxicas por auténticas, no me dejaría influir nunca más ni por el miedo ni por el temor a las represalias de nadie, estaría dispuesto a decir no siempre que quisiera y a mostrarme a todos sin importarme lo que opinaran. Quería ser yo, ser y sentirme auténtico en cada momento y confiar que esa actitud sana sería la que me llevaría a ser feliz.

El descubrimiento de la inteligencia espiritual

Cortijo del Quinto Balcón / Órgiva (Granada)

En el Cortijo del Quinto Balcón con mi gatito Tigretón
En el Cortijo del Quinto Balcón con mi gatito Tigretón

En el año 2000 regresé a Madrid para crear mi proyecto de empresa a la que llamaría, Yo bien Tú bien, concepto aprendido en el Análisis Transaccional que para mí es una de las claves para el desarrollo de la inteligencia emocional.

Estuve felizmente dedicado durante más de 10 años al desarrollo e impartición de cursos Yo bien Tú bien. La experiencia resultó maravillosa. Disfruté cada momento de esos años, tanto, ideando y preparando los cursos, como impartiéndolos. Conocí a más de cuatro mil participantes a los cursos y sentí entrar en contacto directo con cada uno de ellos y compartir con todos una parte de mí, de mis descubrimientos personales para ser feliz y superar las dificultades.

A donde me lleve el viento

En Mayo de 2011 mi actividad de cursos había decrecido considerablemente. Aprovechando la coyuntura, realicé la idea de hacer un viaje en solitario a ningún lugar concreto. Salir una mañana de casa sin rumbo ni destino alguno, en un viaje, sin duración prevista, en donde cada mañana al despertar decidiría si permanecer o no en el lugar en el que hubiera pasado aquella noche.

Quería conocerme más en profundidad en circunstancias, en las que pensamientos, emociones y creencias surgieran en libertad y con menos condicionamientos.

Me dirigí hacia el Sur, hacia mi querida Andalucía, lugar donde nací. La recorrí en gran parte, llegando a Portugal en donde tuve una experiencia personal maravillosa e inolvidable ya que fué allí donde se produjo el encuentro más intenso que he vivido con mi niño interior.

Cada día al despertar me hacía la misma pregunta: ¿me quedo o me voy?, me dejaba sentir y entonces sabía sin ninguna duda qué hacer, si permanecer o marcharme. Cada día y cada noche resultaron extraordinrios y especiales, y cada momento de mi viaje, mágico.

En mi periplo, pasé por mi entrañable Euzkadi, la que tanto me dió en mi juventud y de la que tanto aprendí. Más tarde llegué a Barcelona en donde asistí a un curso de José Luis Parise que me encantó. Recorrí el Levante, y como no, estuve en Altea, a donde no había regresado desde mi exrtaordinaria vivencia.

A mi regreso a Madrid tuve la llamada de un amigo invitándome a visitar La Alpujarra granadina en donde él tenía un cortijo, de modo que me dejé llevar por el viento y acudí al encuentro: Órgiva.

Órgiva es un lugar frecuentado por hippies, sufies, budistas, etc., en donde viven numerosos extranjeros en sus cortijos, la mayoría cultivando la tierra y disfrutando de su clima y de su Naturaleza. Posee una luz, una tierra y un agua, admirables. Estuve alojado en una cabaña octogonal de madera que había construido mi amigo. Uno de aquellos días visitamos un cortijo próximo que estaba a la venta. Aquel lugar en plena Naturaleza me maravilló. Unas vistas majestuosas a Sierra de Lújar, su luminosidad, brillante y transparente, sus frutales, aguacates, naranjos y perales, la acequia para el riego, dos grandes pinos, un olivo centenario, y una palmera majestuosa a la entrada de la casa, además la gente del lugar, todo en su conjunto me hacía presentir que aquel lugar era el destino de mi viaje sin rumbo, en donde tendría lugar el comienzo de una nueva etapa de mi vida.